En ella era de noche, la poesía y los versos de amor que
dibujaban estrellas en sus noches, ya no estaban. Así de simple, era de noche.
Como en la playa cuando la noche cae y sin más rastros de luz, la luna queda
oculta tras el telón de las nubes nómadas de la oscuridad. Era una noche
simple, y llena de nada. Una forzada luz crepusculaba en el horizonte. El
vestigio de un amanecer que ahora moría. Eran sus viejos poemas. Guardados
entre notas y el polvo del que se llenan las cosas maravillosas cuando son
reemplazadas por la novedad. En un suspiro abrió el baúl de sus recuerdos.
Viajó a las noches sonrojadas, donde ella era su musa y él su poeta. Llegó
hasta aquella luz como una sombra al medio día, escondida debajo de los pies de
quien camina, como evitándose a sí misma la vergüenza. Vergüenza de auto
culparse por querer probar un viejo vicio. Cerró por fin sus ojos, consumó su
pecado contra ella misma. Y saboreó en sus labios mordidos un beso furtivo que
se escurría como un gemido entre palabras recordadas.
"Una fantasía
Suave y exquisita,
Un deleite dulce y apasionado,
Que adictivo fue para ti
Besar los besos de mi boca..."
Y ahí estaba de nuevo. Otro mal sueño que le agitaba el
corazón. Con un suspiro y una lagrima agridulce; Consolando su conciencia,
abrazó su almohada. Se dijo a sí misma, solo es un sueño. Antes de orar, se
secó la lágrima. Condenó a su necio pensamiento. Y se trago su beso traidor.
Solo otra noche. Ya pasará.